¿Tenemos que ser siempre sinceros? ¿Sinceridad a pesar de todo? ¿Cuánto de importante es la sinceridad en las relaciones humanas?
Cuando hablamos de sinceridad, nos referimos a la honestidad y transparencia a la hora de expresar nuestros pensamientos, sentimientos o dar información.
En general, podríamos decir que está bien que seamos sinceros, que nos expresemos en consonancia con nuestros valores, que no adornemos mucho nuestras palabras y seamos honestos con los demás y con nosotros mismos. Ideal sería que intentáramos comunicarnos de manera asertiva, expresando pensamientos, sentimientos y necesidades de forma clara, honesta y respetuosa, sin ser agresivos ni tampoco pasivos.
¿Pero a veces es sinceridad o es “sincericidio”?
Muchas veces hemos oído frases como “yo es que soy muy sincero, por eso le digo que lo que hace es una tontería y si le sienta mal pues mira”, “pues le digo que esa camiseta es fea porque es que soy muy sincera”, “pues su marido es idiota y lo tiene que saber y punto, es mi amiga y yo es que soy muy sincera”, y otras afirmaciones parecidas acerca de lo sinceros o sinceras que somos, como si esto fuese parte de nuestra esencia y fuésemos a explotar si nos lo quedamos dentro.
Tenemos que ser muy conscientes de que a veces hay una línea muy fina entre la sinceridad y el “sincericidio”. Ser sincero con una comunicación asertiva significa ser directo y franco, defendiendo nuestros derechos y opiniones, pero al mismo tiempo mostrando consideración hacia los derechos y opiniones de los demás. Por otro lado, el «sincericidio» sería una manera de describir una forma extrema o brutal de sinceridad, donde la honestidad puede ser tan directa que puede herir o incomodar a la otra persona.
En general, en las relaciones interpersonales se valora mucho la sinceridad. Ser honesto y transparente ayuda a construir confianza y a fortalecer las conexiones con los demás. Sin embargo, es importante equilibrar la sinceridad con la empatía y la consideración hacia los sentimientos de los demás. Si sabemos que con nuestra “sinceridad” vamos a causar daño innecesario al otro, mejor no decirlo, o por lo menos, no decirlo de manera cruda o directa.
Estaría bien que tomemos conciencia de que, en muchos casos, puede haber una línea muy fina entre ser sincero y ser cínico.
Recuerda, no tenemos porqué decir todo lo que pensamos, pero sí pensar en todo lo que decimos.
Sara Martínez
Psicóloga en Moala Psicología
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