
Las emociones son como un gran filtro de colores que nos define como humanos, pero en ocasiones este filtro, se nubla, y las emociones se disfrazan ocultando su verdadero significado.
Un ejemplo de esto es cuando la tristeza se disfraza de enfado. Cuando nos sentimos decepcionados, heridos, abandonados… La tristeza puede ser una emoción tan abrumadora que nos resulta difícil aceptar y gestionar, por lo que en lugar de enfrentar esta tristeza, aparece el enfado como mecanismo de defensa.
¿Por qué ocurre esto?
- Dificultad para identificar emociones: En muchas ocasiones no sabemos nombrar lo que sentimos, y la falta de esta identificación nos dificulta reconocer y expresar nuestras emociones de una forma correcta. Si no las podemos identificar, impedirá la correcta gestión de las mismas.
- Presión social, miedo a la vulnerabilidad: A menudo, la sociedad nos impone expectativas sobre cómo debemos sentirnos y comportarnos. Determinadas emociones como la tristeza o miedo, en ocasiones se pueden considerar como una señal de debilidad, o vulnerabilidad aunque esto en realidad no sea así.
- Mecanismo de defensa: Podemos disfrazar unas emociones de otras como forma de protección ante el dolor emocional, por ejemplo el enfado, evitación o negación pueden darnos una sensación de control o poder y nos “protegen” de esas otras emociones que consideramos más “vulnerables”.
Pero no solo disfrazamos unas emociones de otras, si no que una práctica habitual que observamos en la clínica, es acudir a sesión queriéndonos quitar emociones.
Por ejemplo: “Tengo mucha ira, no quiero enfadarme más”, o “soy muy celoso, no quiero sentir celos”, incluso hablamos de algunas de ellas como si fueran buenas o malas, como de la envidia “sana o mala”
Pero no podemos olvidar que todas ellas son válidas y tienen que cumplir una función. No hay emociones buenas o malas, sino que en determinados momentos pueden ser adaptativas o desadaptativas.
Ser conscientes de lo que estamos sintiendo, nos va a ayudar a identificar lo que necesitamos y poder gestionarlas de mejor manera.
Por ejemplo, el enfado, no es una emoción mala, nos recuerda que hay algo que nos ha parecido injusto y lo que nos puede ayudar, es gestionarlo de la mejor manera posible, no es lo mismo enfadarnos e insultar, que comentar lo que nos ha dolido. Al igual que pasa con el miedo. A nadie nos gusta sentir miedo, pero nos olvidamos que nos ayuda a prevenir un peligro. ¿Qué pasaría si no tuviéramos miedo a un león y estuviéramos en medio de la sabana?
Algunas de las funciones de las emociones son las siguientes:
- Alegría: Incrementa la capacidad para disfrutar de diferentes aspectos de la vida cotidiana y nos ayuda a reproducir en más ocasiones eso que nos produce alegría.
- Miedo: Indica la anticipación de una amenaza o peligro, es una alarma interna, impulsa a protegernos y buscar nuevas soluciones.
- Tristeza: Motiva hacia una integración de las cosas que nos pasan, a reflexionar y pedir ayuda.
- Enfado: Moviliza para la autodefensa o avisa de que algo nos ha parecido injusto.
- Envidia: Es un indicador entre lo que queremos y nos falta. Nos motiva para poder conseguir los objetivos.
- Soledad: Avisa de la necesidad de vincularnos con otras personas.
- Vergüenza: Es una alarma para ver si nuestra identidad o valoración pública está en juego.
Estas son solo algunas de las emociones que podemos sentir, pero existen muchas más.

Recuerda que son alarmas que se desencadenan en nuestro cuerpo en respuesta a estímulos externos o internos y nos permiten adaptarnos a nuestro entorno.

¿Te es fácil identificar lo que sientes?
¿Con qué emociones te sientes más cómodo y con cuales más incómodo? ¿Cuáles disfrazas?
¿Cómo gestionas cada una de ellas?
Alicia Perona. Moala Psicología.
