
¿Has escuchado en alguna ocasión la frase “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”? Se trata de un componente muy cultural que aprendemos desde pequeños y que guarda una estrecha relación con la dificultad que supone la toma de decisiones.
Sin embargo, día a día nos vemos expuestos a la necesidad de elegir. En ocasiones, se trata de decisiones más fáciles que otras, dependiendo de nuestra capacidad para anticipar las posibles consecuencias de dicha elección.
Por otra parte, hay algo que no solemos tener en cuenta: no tomar una decisión también es decidir.
Pero, ¿qué puede influir en que experimentemos esa dificultad? Lo primero que debemos considerar es que, como seres emocionales, nuestro cuerpo está diseñado para desplegar una serie de sensaciones con la intención de avisarnos de posibles peligros. En el caso que nos ocupa, parece ser que la emoción del miedo juega un papel importante. Esta emoción aparece con la intención de protegernos ante un peligro real o imaginado.
En este sentido, podemos entender y entendernos mejor: en ocasiones, el miedo nos lleva a la inacción, a no actuar debido a cómo nos sentimos. A veces, el no tomar una decisión tiene que ver con el miedo a las posibles consecuencias. Sin embargo, hay algo de lo que el miedo no nos avisa y que, por tanto, puede pasar desapercibido: también hay unas consecuencias que ya estamos viviendo y que nos impulsan a tomar una decisión (aquí está ese «malo conocido» que menciona la famosa frase).
¿Qué puede hacer el miedo? Avisarnos, con su función de supervivencia, de las consecuencias de tomar dicha decisión y, al mismo tiempo, no permitirnos ver las de quedarnos donde estamos.
Desde la Psicología, hay algo que tenemos claro: la toma de decisiones es una habilidad, algo que puede entrenarse. Por lo tanto, el hecho de tomar decisiones en sí mismo hace que, en cada nueva ocasión, el proceso se vuelva un poco más sencillo.
En ocasiones, algo a lo que nos lleva la emoción del miedo y que es habitual en las consultas de psicoterapia es la incomodidad relacionada con otra pregunta: ¿Cómo puedo tomar esta decisión sabiendo que es la correcta? O bien: «He preguntado a muchas personas de mi entorno y estoy confuso porque las opiniones son muy variadas», o «He realizado una lista de pros y contras y ahora dudo aún más».
Cuidado con los pros y los contras; dales la veracidad que se merecen. La comparación se está realizando desde un sesgo. Hay una parte conocida que te impulsa a decidir, pero también hay otra que es nueva y de la que no sabes qué esperar con certeza.
Creemos que la decisión será la correcta si, una vez tomada, no aparece la duda. Sin embargo, la realidad es que, tome la decisión que tome, la duda aparecerá, puesto que forma parte del proceso de protección de nuestra mente. En realidad, nuestro cerebro no ha evolucionado tanto en todos estos años y, en ocasiones, su manera de protegernos puede generarnos cierto malestar. En este sentido, debemos tener en cuenta que, aunque esa voz aparezca, es importante enfocarnos en lo elegido.
Debemos aceptar que nos costará antes, durante y después. El pensamiento vendrá a visitarnos en forma de duda cuando algo no vaya tan bien como esperábamos, y aparecerá con frases como: “¿Ves? Por aquí no era. Aquí tienes un motivo”. Esos pensamientos de duda van a surgir, pero no debemos reforzarlos: «Fuera, no pintas nada aquí, porque ya he tomado mi decisión. Ahora tengo que hacer que lo que decidí sea la mejor opción».
Una vez que he tomado una decisión sopesada, es importante respetarla. Respetar dicha decisión implica no imaginar cómo sería mi realidad si hubiese elegido la otra alternativa, el típico “qué hubiese pasado si…”. Una vez tomada, debo enfocarme en ella e intentar que sea la mejor opción posible. Si bien no podemos evitar que la duda se manifieste en forma de pensamientos, sí podemos elegir cuánta atención les prestamos. Aquello a lo que no prestamos atención, al perder valor, tiende a desaparecer. La manera en que nos relacionamos con nuestros pensamientos influye en nuestra calidad de vida.
Además, es habitual que preguntemos a nuestro entorno, ya que el miedo necesita ser expresado. No obstante, debemos aprender a contextualizar: saber a quién preguntar, más allá de esa ventilación emocional necesaria. A veces, es importante elegir bien a quién consultar; quizás necesitemos hablar con alguien que realmente entienda del tema en cuestión y que pueda ayudarnos, en lugar de limitarnos a preguntar a personas con las que tenemos un vínculo afectivo, ya que cariño y mejor ayuda no siempre van de la mano.
Por tanto, ¿cuál va a ser la decisión correcta? El miedo a equivocarnos nos dificulta el proceso. Sin embargo, el verdadero error es mezclar la corrección de la decisión con las consecuencias de esa decisión. La decisión correcta es aquella que está alineada con nuestros valores, independientemente de sus consecuencias. Recuerda poner tu foco en lo que no cambia: los motivos por los que sientes que necesitas tomar esta decisión.
Finalmente, resaltamos algunos factores relacionados con la toma de decisiones que pueden trabajarse en psicoterapia si experimentas dificultades que te impiden avanzar:
La autoestima: la valoración que haces de ti mismo, tu diálogo interno, la rumiación de pensamientos y la tendencia a anticipar escenarios catastróficos.
Las estrategias de afrontamiento: la conciencia de tu fortaleza para aceptar las consecuencias de tu decisión. Pregúntate: ¿qué es lo peor que podría pasar? Aquí entran en juego el autoconocimiento y la autoconfianza.
Tu estilo de pensamiento: la forma en que procesas la información. Imaginar escenarios posibles puede ayudarte a evaluar mejor la situación. No se trata de evitar pensamientos distorsionados, sino de aprender a gestionarlos para que no nos atrapen.
La gestión y regulación emocional: habilidades que permiten valorar de manera más realista las diferentes alternativas.
¿De qué estaría orgulloso tu «yo» de dentro de un año? Por muy dolorosa que sea la situación, siempre habrá algo bueno o, al menos, no tan catastrófico en lo que puedas apoyarte. La verdadera pregunta es: ¿qué vas a hacer a pesar del miedo? Porque esta emoción siempre estará ahí para protegerte, y es fundamental aprender a convivir con ella.
Jorge Gallardo y Elisa López. Moala Psicología
