¿Quién te sostuvo las emociones?
Por un momento vamos a retroceder a nuestra infancia. Ahora vuelves a ser niño o niña. Sientes miedo, estás asustado/a, enfadado/a… ¿Quién está ahí para arroparte? Las personas que nos acompañaban en ese momento representan esa figura de apego. Aunque puedas sentirlo lejano, el impacto de esas personas posiblemente te esté acompañando ahora mismo más de lo que crees.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de apego?
El apego es un vínculo afectivo que se establece desde la infancia con nuestras principales figuras de cuidado. En la mayoría de los casos, suelen ser nuestros padres. Ellos nos enseñan cómo funciona el mundo, cómo son las relaciones y qué significan el querer y el cuidado. La manera en la que nos enseñan a vincularnos determina cómo van a ser nuestras relaciones en nuestras próximas etapas vitales.
Sin embargo, es necesario entender el apego como una necesidad humana continua, no como una fase a superar.
¿Qué tipos de apego existen?
- Apego seguro: Esta forma de apego está basada en cubrir las necesidades físicas y emocionales, generando un entorno seguro. Las personas que han vivido este tipo de apego han visualizado sus figuras de referencia como personas que cubrían sus necesidades y emociones de forma empática. La consecuencia es sentir las relaciones como lugares seguros en los que se pueden expresar abiertamente y no sienten el vínculo como algo que se “tambalee”.
- Apego ansioso: Las personas que han vivido este tipo de apego sienten las relaciones y los vínculos como un lugar de estrés e intranquilidad. Se les activa el sistema de alerta cuando sienten que alguna relación está en riesgo y ponen todo su esfuerzo en restablecer la calma con esa persona. Suele darse en personas que han crecido en ambientes donde, a veces, los cuidadores respondían a sus necesidades y, otras veces, no. Por ello, con el tiempo han ido activando ese sistema de alerta para preservar el vínculo.
- Apego evitativo: A las personas que han crecido en este tipo de vínculos les resulta difícil el contacto emocional, ya que sus necesidades no han sido escuchadas. En consecuencia, aprenden que el vínculo no es un lugar seguro, en el que no se les tiene en cuenta y, por tanto, las relaciones pueden concebirse como peligrosas.
- Apego desorganizado: Suele presentarse en personas que han vivido experiencias traumáticas con sus vínculos. Viven sus vínculos con miedo porque las personas de referencia suponían una desprotección y una desorganización.
¿De qué manera afecta en nuestra vida actual?
Las figuras de apego son el primer espejo en el que aprendemos a vernos y a comprender el mundo. En función de cómo nos han enseñado, se podría haber determinado nuestra autoestima y autoconcepto, la forma en la que nos movemos en nuestras relaciones, la manera de solventar los conflictos y la gestión de nuestras emociones.
¿Se puede trabajar en terapia nuestro apego?
La respuesta es sí. Desde el espacio de la psicoterapia podemos ayudaros a contactar con cómo han sido vuestras figuras de apego y ver qué consecuencias habéis podido vivir a raíz de ello. No se trata de borrar el pasado, sino de entenderlo y aprender a relacionarnos desde un lugar más libre y menos condicionado.
La relación terapéutica en sí misma puede convertirse en una nueva experiencia de apego seguro: un vínculo basado en la confianza, la coherencia y la validación emocional. Con el tiempo, esta relación puede ayudar al paciente a:
- Reconocer su manera de vincularse.
- Aprender a regular sus emociones.
- Establecer límites saludables.
Es importante entender que nuestro apego se forma en la infancia, pero no es estático, sino que puede evolucionar. Los vínculos, a pesar de que nos pueden dañar, también pueden ser una forma de sanar y aprender nuevas maneras de relacionarnos.
Date un espacio para conocer tu estilo de apego pensando en lo siguiente…
¿Quién fue tu figura de apego más significativa? ¿Te sientes reflejado en alguno de estos estilos? A veces, comprender nuestro pasado es el primer paso para construir un presente más consciente y un futuro emocionalmente más libre.
